Von der Leyen no da pistas sobre su futuro en la Comisión Europea

Lo más esperado del discurso de Ursula von der Leyen ante el Parlamento Europeo era saber si la alemana aclararía cuales son sus intenciones sobre un eventual segundo mandato como presidenta de la Comisión Europea. Lo más aproximado fue la mención al nacimiento de sus primeros tres nietos, algo que habría cambiado su percepción sobre su propia proyección hacia el futuro y el de sus descendientes y según dijo le impulsa a seguir manteniendo el rumbo hacia la transición energética. Los pasillos de las instituciones europeas empiezan a hervir con todo tipo de teorías, pero Von der Leyen sigue manteniendo esa ambigüedad calculada y no aclara si buscará un segundo mandato en la Comisión o si pretende dar un salto institucional para convertirse en la primera mujer en dirigir la OTAN, que también necesita un sucesor para el actual secretario general.

El discurso sobre el estado de la Unión que pronunció ayer ante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo será el último de esta legislatura que termina, como ella mismo dijo en la introducción, dentro de diez meses, que es un plazo prudente para que hubiera manifestado cuales son sus intenciones, teniendo en cuenta que la elección del presidente de la Comisión tiene implicaciones directas en los partidos políticos europeos.

Según el Tratado, el presidente de la Comisión es nombrado por el Consejo Europeo, es decir por los líderes de los países miembros, «teniendo en cuenta el resultado de las elecciones» y después ratificado por el Parlamento. En el caso de Von der Leyen, su elección significó el abrupto final del procedimiento que se llamó del ‘spitzenkandidat’ o ‘candidato principal’ que se basaba en un acuerdo entre los dos grandes partidos, los populares y los socialistas, para apoyar al candidato del partido más votado. En 2019, el PPE ganó las elecciones, pero su aspirante, el alemán Manfred Weber, no tuvo el apoyo del presidente francés, Emmanuel Macron, que pertenece a la familia liberal y no estaba de acuerdo con el procedimiento, además porque Weber no había sido antes primer ministro. La entonces canciller alemana, Angela Merkel, propuso como compromiso a su ministra de Defensa, Von der Leyen, y el Parlamento la ratificó con el margen más pequeño de la historia, 383 votos, apenas nueve por encima de la mayoría necesaria.

Relación enrarecida

Desde entonces, la presidenta ha intentado constantemente aproximarse al grupo socialista, tal vez pensando que necesitaba mimar a los eurodiputados de izquierda y ha dado por sentado el apoyo de los populares. Sin embargo, esta política ha acabado por enrarecer sus relaciones con los conservadores, como se pudo ver ayer mismo en el debate que siguió a su discurso y en el que no recibió muchas alabanzas por parte de sus correligionarios.

En las últimas semanas, además, se ha extendido en Bruselas el rumor de que ahora Macron quiere hacer presidente de la Comisión al primer ministro holandés, Mark Rutte, que dejará el cargo en noviembre, cuando se celebren las elecciones anticipadas, y ya ha dicho que no seguirá en la política de su país. Es posible que el presidente francés llegue a convencer a una mayoría dentro del Consejo, pero no está claro que un liberal suscite el suficiente apoyo en el Parlamento, a no ser que el Partido Popular tuviera un resultado catastrófico o que se le ofreciese a cambio un puesto igual de relevante.

Por otro lado, el actual secretario general de la OTAN, el noruego Jens Stoltenberg, lleva más de dos años pidiendo abandonar el puesto. Su mandato ha sido prolongado un año más hasta el verano que viene, a la espera de encontrar en este tiempo un candidato de consenso. A simple vista, Von der Leyen sería la candidata ideal: tiene experiencia como ministra de Defensa, gestiona bien una organización multinacional, conoce bien los manejos en casi todos los países aliados y además sería la primera mujer al frente de la organización militar, a la espera de lo que pueda opinar Washington. Y hasta ahora empieza a dar la impresión de que están esperándola en otro barrio de Bruselas.